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Qué no es una alimentación saludable

Es bien cierto que tener mucha información no es sinónimo de estar bien informados. La muestra la encontramos diariamente en nuestro trabajo. Ya sea en la consulta, las charlas o sencillamente en una conversación distendida, la frase “no, si la teoría ya la conozco” es más que habitual. Y cuando profundizamos sobre “esta” teoría descubrimos que está basada en falsas creencias alrededor de la alimentación saludable, y especialmente, focalizadas en el peso. Nos damos cuenta así que, en el momento en el que más información tenemos al alcance sobre cómo es una alimentación saludable, más mal informados estamos. Quizás será por la saturación de información y más que probable también que se deba a la gran cantidad de información no veraz disponible, que distorsiona o no deja ver con claridad aquella información veraz y fundamentada científicamente.

Así que, en lugar de explicar “qué es una alimentación saludable”, lo haremos a la inversa: ¿Qué no es una alimentación saludable?

  • Comer toda la verdura hervida o en ensalada. Hay muchas maneras, y buenísimas, de preparar unas verduras: escalivadas, salteadas con ajo y/o hierbas aromáticas, en cremas o purés, en salsas, rebozadas o en tempura, croquetas, pisto, con pasta como por ejemplo canelones o lasaña, a la plancha, a la brasa, etc. Y es que uno de los pilares de una alimentación saludable es la variedad, la cual se refiere a los alimentos pero también a las cocciones.
  • Comer toda la proteína a la plancha: por el mismo motivo que el expuesto en el caso de las verduras, los alimentos proteicos permiten gran variedad de cocciones más allá de la plancha, e igualmente saludables, como por ejemplo estofados, guisados, al horno, asados, en papillote, etc. Y sin olvidar que no toda la proteína es carne ni pescado, sino que también tenemos los huevos y las olvidadas legumbres.
  • No comer a diario arroz o pasta o patata: los glúcidos o hidratos de carbono que nos proporcionan estos alimentos son la fuente de combustible limpia y sostenible de nuestro organismo. Sólo el cerebro consume diariamente unos 120 g de glucosa (esto equivale en forma de pan a unos 240 g y en pasta a unos 170 g en crudo). No cubrir esta necesidad compromete el correcto funcionamiento del cuerpo, y contrariamente al qué se piensa, contribuye al aumento de las reservas de grasa, y por lo tanto, de peso.
  • Comer pan sólo 1 vez al día: muy relacionado con lo explicado en el anterior punto, el pan es un alimento importante en nuestra alimentación diaria, no sólo para ser un alimento básico de la alimentación mediterránea, sino porque es una fuente importante de hidratos de carbono. Comer pan en más comidas que no sólo el almuerzo nos ayuda a cubrir toda la demanda diaria de hidratos de carbono, que para un adulto sano está alrededor de unos 250-300 g al día (recordamos que son gramos de hidratos de carbono, es decir de nutriente, no de alimento como por ejemplo pan o arroz)
  • Comer poco: otra creencia errónea de una alimentación saludable es pensar que comer poco contribuye a tener salud. Ni comer poco ni comer mucho, hay que comer aquello que nuestro cuerpo necesita. Para hacerlo bien es básico comer a menudo –podemos utilizar como pauta realizar una comida cada 3-4 horas-, y es muy importante escuchar las señales de hambre, puesto que ésta es un mecanismo de defensa que nos avisa que necesitamos cubrir las necesidades energéticas y de nutrientes. No se trata pues ni de engañar ni de ignorar la sensación de hambre, sino de escucharla y saber gestionarla comiendo adecuadamente.
  • Beber “mucha” agua: el cuerpo tiene unas necesidades diarias de 1 litro, puesto que a través de los alimentos aportamos aproximadamente otro litro. Así pues, entre 4 y 6 vasos de agua al día son suficientes, siendo necesario beber algo más si nos encontramos en un clima cálido, en un ambiente caluroso o practicamos una actividad física que nos hace sudar más del habitual.
  • No comer de vez en cuando alimentos de la punta de la pirámide (dulces, bebidas, embutidos grasos, etc.): la perfección no existe, y pretenderla es crearnos angustia. Una alimentación saludable pasa por un control también saludable, es decir aceptando con normalidad y sin angustia la ingesta ocasional de los alimentos de la punta de la pirámide, disfrutándolos y sabiendo que somos capaces de gestionar un equilibrio natural entre los días bastante bien hechos y los días menos bien hechos.

Resumiendo, comer sano no es dejar de comer pasta o arroz, ni pasar hambre, ni cocinarlo todo a la plancha… Comer sano pasa por tener una relación positiva con aquello que comemos, disfrutándolo en cada comida, tomando conciencia que necesitamos comer de todo para estar sanos, y aceptando que tener momentos y días para no seguir las pautas también forma parte de este concepto de salud.

Sobre Rosa Maria Espinosa

Rosa Maria Espinosa
Diplomada en Nutrición Humana y Dietética por la Universidad de Vic; Licenciada en Ciencia y Tecnología de los alimentos por la Universidad de Vic; Postgrado en Nutrición Humana y Dietética Materno infantil por la Escuela Universitaria de Infermería de Sant Joan de Déu y Máster en Comunicación y Gastronomía por la Universidad de Vic. Soy miembro colegiada en el colegio profesional de Dietistas y Nutricionistas de Cataluña (CODINUCAT) y miembro de la Asociación Española de Dietistas y Nutricionistas (CAT000273).

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