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El ajo, ¿alimento milagroso?

A este pequeño pero poderoso bulbo, omnipresente en la cocina mediterránea, se le atribuyen todo tipo de propiedades, entre otras se considera que es cardiotónico, antitrombótico y desinfectante, e incluso se le considera el equivalente de la viagra.

Procedente de Asia central, llegó al Próximo Oriente hace unos cuatro mil años y los antiguos egipcios eran muy aficionados a él, puesto que no sólo lo utilizaban como condimento, sino también como alimento y por sus virtudes medicinals. Y no era un alimento destinado exclusivamente a los obreros, sino que tenía una gran importancia en sus costumbres, como indican los dientes de ajo encontrados entre las riquezas de la tumba de Tutankamon hacia el año 1500 antes de Cristo. El ajo fue introducido en Europa por los romanos y fue muy utilizado durante l’Edad Media como un remedio para luchar contra la peste y otras enfermedades contagiosas, y después, durante los siglos XVIII y XIX, contra enfermedades como el escorbuto y el asma. En 1858, Louis Pasteur confirmó sus propiedades antibacterianas.

Desde el punto de vista nutricional el ajo tiene una gran cantidad de nutrientes, puesto que nos aporta fibras, pectinas, mucílagos, hidratos de carbono, proteínas, grasas y vitaminas A, B1, B2 y C. Y tampoco le faltan minerales, puesto que contiene hierro, calcio, fósforo, potasio, sodio, yodo, zinc y magnesio, entre otros.

Pero las virtudes del ajo no le vienen de estos componentes sino de una sustancia llamada alicina que sólo se forma cuando el ajo se rompe, se machaca o se corta. Los ajos contienen aliína, un aminoácido azufrado, y cuando lo machacamos, por ejemplo, se libera una enzima que convierte esa aliína en la valiosa alicina. Las propiedades de esta maravillosa sustancia se pierden si el ajo se calienta por encima de los 60 grados.

La lista de las propiedades del ajo es larguísima, como lo son también su centenar de componentes activos que actúan como vermífugos (contra los gusanos), como fungicidas (contra hongos) como antibióticos, como expectorantes, como diuréticos, como hipotensores (reduciendo la tensión arterial), como estimulantes o como antipiréticos (reducen la fiebre).

Entre todas las propiedades del ajo cabe destacar su papel en la salud cardiovascular, puesto que reduce los niveles de colesterol LDL o colesterol malo en sangre, aumenta los niveles del colesterol bueno y dilata los vasos sanguíneos, efecto que, además de mejorar la circulación, también previene la aparición de arterioesclerosis. Quien quiera probar sus beneficios, puede tomar una infusión al día elaborada con dos o tres dientes de ajo durante una temporada.

Con el ajo podemos atenuar dolores de cabeza comunes y dolores musculares puesto que tiene propiedades analgésicas y antiinflamatorias, pero por encima de todo es muy efectivo para eliminar toda tipo de bacterias, hongos, parásitos o gusanos intestinales. Para hacer una cura de limpieza interna, podemos triturar ajos crudos con aceite de oliva y tomarlos en ayunas algunos días. El poder desinfectante de la alicina supera al del alcohol y al del limón y se está estudiando la posibilidad de utilizarla en centros hospitalarios para poner fin a las peligrosas infecciones por Staphylococcus aureus y otros estafilococos y estreptococos.

Pero además, los últimos estudios disponibles sobre el ajo sugieren que tiene un papel muy importante en la prevención del cáncer de esófago, estómago y colon. Según estudios realizados en China, un escaso consumo de ajo y cebolla aumenta tres veces el riesgo de sufrir cáncer d’estómago. El ajo también se muestra eficaz para prevenir el cáncer de próstata, según un estudio realizado en Shangai, pero es especialmente útil para evitar el desarrollo de los cánceres causados por nitrosaminas, unos compuestos de gran potencial cancerígeno que se forman en el intestino a partir de los nitritos utilizados en conservas y embutidos. Los ajos actuarían evitando la formación de nitrosaminas y evitarían las mutaciones que éstas producen en el ADN. Y a la actuación directa sobre las sustancias cancerígenas, se añade el hecho de que los compuestos del ajo podrían atacar directamente las células de los tumores y provocar la destrucción por el proceso de apoptosis o suicidio de la célula.

Una virtud más que se le atribuye al ajo es la de dar solución a los problemas de erección, como si fuera una viagra, pero no tendría un efecto tan inmediato e intenso como la pastilla, aunque a la larga  podría remediar estos problemas masculinos de una forma permanente. Muchas culturas antiguas ya le atribuyeron un efecto afrodisíaco, y no iban desencaminadas. Muchos problemas masculinos están relacionados con problemas de circulación, que el ajo puede resolver, puesto que mejora la circulación de la sangre.

Por todo lo visto, el ajo no sólo se merece un lugar de honor en nuestra cocina, dónde da sabor a innumerables platos, sino también en nuestro botiquín y en nuestras actividades más íntimas. Con todas estas virtudes, el ajo es poco menos que un alimento milagroso.

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