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El plátano: sexy, divertido y muy cinematográfico

Todos los días, un plátano. Es lo que, al menos, nos aconsejaba hace unos años una popular campaña de promoción de esta riquísima fruta, quizá uno de los alimentos que mayor protagonismo haya alcanzado en el cine hasta la fecha. Este delicioso manjar que «oro parece, pero plata-no es», ha sido empleado por los cineastas con propósitos muy diferentes: desde divertir a los niños y aconsejar su consumo, a mostrar a un público mucho más adulto su más que sugerente potencial erótico.

minionsLa comida favorita de los Minions

Pequeños, amarillos, traviesos y muy divertidos. Los vimos por primera vez como actores secundarios de la película de animación Gru, mi villano favorito (2010) y ahora regresan a la pantalla grande como los protagonistas de su propio largometraje: Los Minions (2015). En este divertido largometraje, vamos a tener la oportunidad de conocer el origen de estos adorables personajes y de su empeño por encontrar a villanos a los que servir. Pero, entre otras muchas cosas, también descubriremos la pasión que los plátanos ejercen sobre los Minions. Y cómo esta fruta les juega alguna mala pasada de vez en cuando.

Busca lo más vital

Pero los Minions no son los únicos personajes de dibujos animados que han mostrado una gran afición a los plátanos. Por ejemplo, Walt Disney contribuyó como nadie a su promoción gracias a uno de sus grandes clásicos: El libro de la selva (1967). En esta libre y divertida adaptación del clásico de Rudyard Kipling, sus simpáticos protagonistas —tanto el pequeño Mowgli como el simpático oso Baloo— mostraban su gusto por los plátanos, dejando claro que se trataba de un alimento de lo más sano. Tanto es así que incluso la marca Plátano de Canarias ha realizado diversas promociones de su producto vinculadas al popular filme de Disney.

Además de El libro de la selva, el plátano ha estado presenta en innumerables producciones animadas, como es el caso de Jorge el Curioso (2006), adaptación del personaje creado por Margret y H. A. Rey.

Resbalar con la piel de un plátano

Además de sus ricas propiedades alimenticias, el plátano hace reír. Nos lo explicaba Donald O’Connor en el fantástico número Make ‘Em Laugh del musical Cantando bajo la lluvia (1952). ¿Acaso alguien no se ha reído alguna vez al ver un tropiezo por culpa de una piel de plátano? Este mítico gag visual comenzó a practicarse entre los cómicos de los vodeviles a comienzos del siglo XX.

Aunque no hay unanimidad al respecto, parece que Charles Chaplin fue el primero en incorporarlo al cine en el cortometraje Charlot en la playa (1915). Los grandes genios del cine mudo no se pudieron resistir al efecto cómico que causaba resbalar por culpa de una piel de plátano, sobre todo destacando el efecto de absoluto ridículo que sufre la víctima. Así lo pusieron de manifiesto Harold Lloyd en The Flirt (1917) y Buster Keaton en El guardaespaldas (1921).

Después de que Stan Laurel y Oliver Hardy emplearan la piel de plátano en diversas de sus obras, el gag aún funcionaría en posteriores producciones de Hollywood, como El mundo está loco, loco, loco (1963) o en El dormilón (1973), donde Woody Allen resbalaba en la piel gigante de un plátano modificado genéticamente.

Una fruta muy sexy

Además de sano y divertido, el plátano también resulta muy sexy. O, al menos, así les ha parecido una gran cantidad de cineastas. Por ejemplo, cuando Adrian Lyne se lanzó a realizar una nueva adaptación del clásico de Vladimir Nabokov Lolita (1997), incluyó una escena en la que la actriz Dominique Swain se comía un plátano de forma libidinosa para remarcar el fuerte erotismo que la joven desprendía.

En otras películas, como Celebrity (1998) o Nunca me han besado (1999), directamente se empleaba un plátano como instrumento didáctico a la hora de explicar la manera de realizar correctamente una felación. En este sentido, la comedia Boat Trip: Este barco es un peligro (2002) exageraba al máximo el uso del plátano como elemento de educación sexual. En el filme, el actor Cuba Gooding Jr. se había embarcado por error en un crucero para homosexuales. Tomado como tal, una explosiva instructora de baile le explicaba, plátano en mano, cómo satisfacer oralmente los deseos de cualquier hombre.

Pasión por los plátanos

Pero el potencial erótico del plátano no se limita a su forma natural sino que llega incluso a algunas sabrosas recetas que se pueden preparar a base de esta fruta. Era lo que, al menos, Chris Evans trataba de demostrarnos en la disparatada comedia No es otra estúpida película americana (2001). En una delirante escena, el futuro Capitán América, aparecía completamente desnudo ante una chica, salvo por un «Banana Split» que cubría oportunamente sus genitales.

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Sexy o no, lo que parece evidente es que los plátanos han seducido a un montón de estrellas. El inclasificable Bud Spencer aseguraba estar tan fuerte gracias a comer plátanos en la comedia de acción Banana Joe (1983). Tal vez por eso, Kevin Spacey devoraba uno hasta con piel ante la atónita mirada de Jeff Bridges en una de las escenas más sorprendentes de K-Pax. Un universo aparte (2001). Tal ves sea llevar la pasión demasiado lejos. Porque lo de un plátano al día está bien, pero… ¡mucho mejor sin piel!

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Sobre Pablo Mérida

Pablo Mérida
Periodista i escriptor, és autor de diversos llibres relacionats amb el cinema com "El boxeo en el cine" (Laertes, 1995), "El Zorro y otros justicieros de película (Nuer, 1997), "El Cine" (Larouse, 2002) i "Cárceles de cine" (Everest, 2011). En l'actualitat col·labora a la secció setmanal de cinema del programa «Nits de Ràdio» d'Onda Cero Catalunya.
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