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Grasa abdominal vs grasa subcutánea

Hace uno tiempo se publicó un estudio realizado por la Universidad del País Vasco en el que se relaciona la grasa de la dieta con el exceso de grasa abdominal en adolescentes, una situación que se produce indiferentemente de la actividad física que realicen. El estudio determina que no importa las kilocalorías que se consuman y la actividad física que se realice, un exceso de grasas en la dieta da lugar a una mayor acumulación de grasa abdominal.Queremos explicar qué es la grasa abdominal, ya que no es lo mismo que otro tipo de grasa, muy molesta también, la subcutánea.

La grasa abdominal se denomina también grasa visceral, grasa intraabdominal, obesidad abdominal o obesidad ginoide. Es una grasa, como su nombre indica, que se encuentra en la parte interna, bajo la capa muscular abdominal (de ahí el nombre de grasa abdominal), rodea nuestras vísceras, dificultando su correcto funcionamiento. De hecho, la medida de la grasa abdominal es un indicador de riesgo cardiovascular. Además, esta grasa actúa como un órgano más y trabaja independientemente con una actividad metabólica propia, incrementando el factor de inflamación y liberando sustancias implicadas en la aparición de enfermedades metabólicas como la diabetes mellitus tipo II, el colesterol y otras enfermedades que se relacionan con la obesidad.

Es una grasa más propia de los hombres, que de manera natural acumulan más grasa abdominal. Es lo que da al cuerpo masculino la típica forma de manzana.

La grasa subcutánea, a diferencia del visceral, es grasa que se acumula debajo de la piel, por encima del músculo, y generalmente se encuentra en la parte inferior del cuerpo, caderas y muslos. Se relaciona más con el sexo femenino y es lo que le da la típica forma de pera.

Con la edad y la menopausia, sobre todo esto último, esta distribución cambia y la grasa de las señoras se va volviendo más visceral. De aquí que la mujer, cuando llega a esta etapa de su vida, incrementa su riesgo cardiovascular, equiparándose e incluso superar el del hombre.

Hay maneras sencillas de saber si la barriguita que tenemos es mayoritariamente de grasa subcutánea o grasa visceral. Una la tendríamos observándola. Si es una barriga dura a la que le notamos cierta tensión al presionarla, tenemos muchos números de que ésta esté formada por grasa abdominal.

Si nos tumbamos boca arriba y la barriga cae, pierde volumen, es indicador de que tenemos grasa subcutánea. Si no cambia prácticamente de volumen y tamaño, nos decantaríamos por lo contrario.

Hay tablas y medidas de consulta estimadoras de riesgo cardiovascular. Una de ellas es muy sencilla y sólo se necesitará una cinta métrica (como la que se utiliza en modistería). Se mide el contorno de la cintura, se anota el resultado y se compara con los valores de estimación. En el caso de las mujeres es necesario que esté por debajo de 88cm. En el caso de los hombres, por debajo de 102cm.

Por tanto ¿qué debemos hacer?

Una vez más se demuestra la importancia de la alimentación y la calidad de la misma, tanto como la cantidad, para prevenir la aparición de complicaciones. Y no estamos hablando tan solo de un problema estético.

De entrada, revisar nuestra alimentación. Quizás hay algo que no estamos haciendo del todo bien. Sobre todo si nos damos cuenta de que nuestra barriga ha aumentado o está aumentando de volumen últimamente.

Como bien hemos comentado, no sólo a nivel cuantitativo. También debemos revisar la calidad de lo que comemos, cómo y cuándo lo estamos haciendo.

Apostar por las frutas y verduras frescas, los cereales integrales y las legumbres, que aportarán una carga importante de vitaminas, minerales, agua y fibra. Y disminuir el consumo de grasas saturadas provenientes de alimentos altamente procesados??, del exceso de consumo de carne y apostar por los desnatados. Cualitativamente, aumentar el consumo de grasas insaturadas (todo ello, sin olvidarnos de no incrementar excesivamente las kilocalorías totales de la dieta). Éstas se encuentran en alimentos como el aceite de oliva y de semillas, el pescado azul, los frutos secos o el aguacate.

Procurar que en nuestra alimentación haya variedad, equilibrio y moderación.

Y moverse. Porque la actividad física es energía que gastamos. Y la energía la obtenemos de los alimentos. Si hay una entrada excesiva de energía pero no una salida, el resultado todos sabemos.

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