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hernia de hiato

Hernia de hiato

Nuestro sistema digestivo es un tubo que va desde la entrada del alimento hasta la salida de la materia fecal. Se encuentra dividido en diferentes áreas y cada una de ellas tiene funciones diferenciadas. Además, el tubo digestivo dispone de unos órganos adyacentes que ayudan a terminar de completar la digestión de los diferentes nutrientes que ingerimos a través de la alimentación. Una de estas áreas es el estómago, que almacena temporalmente los alimentos, realiza movimientos gástricos y secreta jugos digestivos.

Como todos los órganos y tejidos de nuestro organismo, el estómago puede enfermar y sufrir una serie de situaciones que afectan su funcionalidad lo que hace alterar la manera de alimentarnos y/o que ésta tenga que modificarse para mejorar nuestra calidad de vida.

Una de las patologías que puede afectar a nuestro estómago es la hernia de hiato.

La hernia de hiato se produce cuando la parte superior del estómago se instala por encima del diafragma. El diafragma es una capa muscular que separa el tórax del abdomen y que se contrae con la inspiración para permitir la extensión pulmonar. Es una patología bastante común ya que se estima que afecta hasta el 20 % de la población.

Esta patología viene provocada por una predisposición genética de debilitamiento del diafragma a la que se le suman factores como la obesidad, una tos crónica, el tabaquismo, el estreñimiento, realizar esfuerzos extremos y el envejecimiento.

Como parte del estómago se encuentra en una posición y espacio que no le corresponden, su funcionamiento se ve dificultado ya que el mecanismo antirreflujo pierde efectividad. Esto provoca que la comida ingerida vuelva de nuevo hacia el esófago provocando molestias que pueden llegar a ser dolorosas.

Los síntomas más comunes son el dolor, dificultad para tragar, pirosis y acidez, debido a que el contenido ácido del estómago afecta las paredes del esófago, no preparadas para pH tan bajos.

Tratamiento dietético

Uno de los factores a tener en cuenta a la hora de tratar la hernia de hiato es la alimentación. Hay que conocer cuáles son los hábitos dietético-nutricionales del paciente afectado para poder establecer pautas que minimicen las molestias y mejoren su calidad de vida.

  • Organización: puede que sea conveniente establecer una periodicidad y cantidad. Es decir, repartir muy bien las comidas a lo largo del día y no hacer grandes ingestas
  • Técnicas culinarias: optaremos por cocciones suaves con la utilización de pocas grasas. La cocina al vapor, los papillotes, el horno, los hervidos y hasta la cocina en el microondas serán las técnicas ideales. Se deberá tener cuidado con la cocción a la plancha, ya que las costras que se forman cuando un alimento se cuece en exceso o quedan partes más quemadas estimulan la secreción de ácido clorhídrico del estómago, lo que puede empeorar la situación si se produce reflujo. Evitaremos los fritos y guisos donde se utilicen aceites y grasas.
  • En cuanto a los alimentos hay unos cuantos que quedarán restringidos por ser demasiado irritantes y/o que estimulen la secreción de ácido clorhídrico. A continuación repasaremos diferentes alimentos siguiendo el orden de la pirámide alimenticia:
  1. Farináceos: no suponen un problema ya que no estimulan en exceso la secreción ácida. Cereales como el arroz, la avena y otros que empiezan a formar parte de nuestra dieta, y sus derivados (harinas, pastas, pan …), así como tubérculos (patatas o boniatos), son alimentos básicos y seguros
  2. Verduras: se evitarán las flatulentas como pueden ser las coles, coliflor, brócoli, coles de Bruselas o alcachofas, así como la cebolla, el puerro, el tomate (sobre todo en salsa) y el pimiento crudo, que en ocasiones puede producir dificultades digestivas. Otras verduras como zanahorias, judías, acelgas, espinacas, lechugas o las setas no ofrecen dificultades
  3. Frutas: se evitará el consumo de frutas ácidas y zumos, sobre todo por las noches, en algunos casos el resto de frutas crudas pueden estar también contraindicadas. Buscaremos las frutas maduras y una opción en casos más extremos la podemos encontrar en la cocción (manzana al horno o hervida)
  4. Grasas: priorizar el aceite de oliva y se utilizará crudo o cocido. Los frutos secos pueden tomarse también con moderación
  5. Lácteos: nos decantaremos por desnatados o semidesnatados. Los yogures pueden presentar dificultad por su acidez. Habrá que comprobar la tolerancia
  6. Proteicos: mejor carnes y pescados magros como la carne blanca y el pescado blanco. Cuidado con el pescado azul que por ser más graso dificulta las digestiones. Los huevos en principio no suponen problema y con las legumbres tendremos cuidado por las flatulencias que pueden provocar
  7. Superfluos: los alimentos grasos como las mantequillas, margarinas y mayonesa pueden presentar dificultades. Alimentos con mucha sal como los embutidos o el café (tanto con cafeína como descafeinado), té, alcohol , chocolate y especias estimulan las secreciones gástricas
  • Estreñimiento: mantener en buenas condiciones el tránsito intestinal añade puntos hacia una mejora en las manifestaciones clínicas y, por tanto, en la calidad de vida del paciente. Aumentar la ingesta de fibra a base de cereales integrales, hortalizas y frutas toleradas, legumbres (también en función de la tolerancia) y una hidratación suficiente, son clave para luchar contra el estreñimiento
  • Obesidad: el tratamiento para bajar de peso se hace imprescindible ya que el exceso de peso añade presión sobre la zona complicando la situación

En resumen, la alimentación debe ser de fácil digestión, que facilite la evacuación y con la utilización de alimentos, condimentos y técnicas culinarias suaves, así como controlar el exceso de peso.

  • Higiene postural: Comer en un ambiente relajado, sentado delante de mesa y evitar tumbarse, al menos, hasta pasadas unas 3 horas desde la ingesta. También será conveniente dormir ligeramente incorporado. Todo esto contribuirá en evitar la aparición de reflujo
  • Tabaco: Se recomienda la eliminación del hábito tabáquico ya que el tabaco estimula la secreción de ácido clorhídrico y, por tanto, la acidez

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