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¡Hoy vamos a comer fuera!

El verano ya está aquí. Tengamos o no vacaciones, el buen tiempo y los días más largos nos empujan a todos a salir más de casa y nos acercan a las terrazas, las bebidas bien frías y al picoteo que las acompaña. Este cambio de rutinas suele ser visto como una amenaza para muchas personas que están intentando cuidar su salud, ya que tienen miedo a perder todas las buenas costumbres que han conseguido durante el resto del año.

Paradójicamente, justamente aquellas personas que han estado cuidando sus hábitos durante el año son en realidad las que menos miedo deberían tener a este cambio de rutinas, ya que una vez tenemos instaurados unos hábitos saludables, también somos capaces de ser más flexibles y tendemos a adaptarse mejor a los cambios.

Y entonces, ¿por qué nos preocupa tanto este tema? La respuesta casi siempre tiene que ver con el miedo. Miedo a descontrolarse con la comida o la bebida, miedo a perder los buenos hábitos adquiridos o miedo a no poder volver a recuperar una rutina. Y es justamente este miedo el que en cierto modo se convierte en nuestro principal enemigo, haciéndonos actuar a menudo de forma contraproducente.

Por ejemplo, el miedo nos puede hacer evitar ciertas situaciones sociales donde sabemos que habrá comida o nos puede hacer tomar menos cantidad de la que necesitamos en las comidas que hacemos en casa con la intención de compensar las comidas que hacemos fuera. Además, este miedo puede hacer también que tendamos a evaluar los alimentos según sean buenos (permitidos) o malos (prohibidos).

Y justamente son todas estas conductas las que harán que se confirmen todos nuestros miedos. Evitaremos o no disfrutaremos tanto las reuniones sociales, lo que nos puede provocar insatisfacción o aislamiento. Llegaremos a las comidas con más hambre ya que habremos intentado controlarnos en exceso en las comidas que hacemos en casa, lo que puede provocar fácilmente una ingesta de alimentos más abundante e impulsiva a posteriori. Finalmente, es probable que acabemos por no disfrutar tanto de lo que comemos, ya que ciertos alimentos siempre irán acompañados de una etiqueta negativa que hará que los comamos con culpa.

Para evitar que pase lo que hemos comentado, el consejo más importante a tener en cuenta es el de escuchar el hambre que tenemos en cada momento y hacerle caso. Tan sencillo y tan complicado a la vez. Deshaceros de las creencias, los pensamientos y las etiquetas de los alimentos y seguid lo que el cuerpo os indica. Aseguraos de tener disponible siempre comida saludable y si coméis fuera de casa, elegid en la medida de lo posible comida variada, de todos los grupos de alimentos. Es importante también que disfrutéis de la comida y que lo hagáis despacio, notando su textura y su sabor.

Y de propina os regalamos algunos trucos que podéis poner en práctica cuando salgáis a comer fuera:

– Es frecuente que cuando salimos a comer fuera, aunque no lleguemos con demasiado hambre, el atractivo de la carta y los platos que vemos en las mesas nos llamen tanto la atención que acabamos pidiendo demasiada comida. Si os pasa esto, cuando ya os sintáis satisfechos pedid al camarero que os ponga las sobras para llevar. De este modo retiraréis la comida de la vista y evitaréis el comer por impulso. Además, no sentiréis que estáis tirando comida y tendréis resuelta una parte de la comida al día siguiente.

Antes de llegar al restaurante decide qué comer. Por ejemplo: De primero haré algún plato que tenga como ingredientes principales verduras y/o hidratos de carbono, y de segundo haré proteína (pescado, carne o huevos). Así, una vez tengáis la carta delante os será más sencillo elegir y será más complicado que os perdáis entre tantas opciones y elijáis por impulso.

Si os apetece un postre pero habéis quedado llenos, una buena estrategia es buscar cómplices en la mesa que quieran compartirlo, de esta manera lo disfrutaréis igual y comeréis menos cantidad.

– Aprovechad la bajada de ritmo laboral para descansar y hacer actividades que os gusten. Cuanto más relajados y satisfechos estéis más sencillo será no recurrir a la comida como calmante emocional y podréis practicar más fácilmente la ingesta consciente, siguiendo vuestras señales reales de hambre y saciedad.

Así pues, ¿a qué estáis esperando? ¡Fuera miedos y a disfrutar del verano!

Sobre Neus Nuño

Neus Nuño
Licenciada en Psicología (UB), Postgrado en Metodología y evaluación en Psicología Clínica y de la Salud (UAB), Postgrado en intervención en Psicología Clínica y de la Salud (UAB), Máster en Psicología Clínica y Medicina Conductual (UAB), Máster de investigación en Psicología de la Cognición y de la Comunicación (UAB), Postgrado en Psicoterapia integradora por la IESP. Miembro colegiada en el Colegio Profesional de Psicólogos de Cataluña (COPC; nº 17070) y estoy acreditada como Psicóloga General Sanitaria por el Departamento de Salud de la Generalitat de Catalunya.

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