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La obesidad infantil

El 30% de niños y niñas entre 3 y 12 años presentan exceso de peso. De estos, el 21,7% tiene sobrepeso y el 8,3% obesidad. Si acotamos por franjas de edad vemos que el 25% de niños y niñas de 3 a 5 años tiene sobrepeso y que la obesidad es menor entre niños/as de 10 a 12 años que entre niños/as de 6 a 9 años . Esto no deja de ser preocupante ya que demuestra que el problema aparece a edades cada vez más tempranas.

La prevención se ha mostrado como la mejor estrategia a aplicar ante el problema de la obesidad. La implicación familiar se hace indispensable para trabajar en la educación nutricional del niño. Mediante programas de promoción de la salud se actúa tanto sobre la población infantil como sobre sus familias.

La implicación familiar en la obesidad infantil es indispensable para su educación nutricional. Clic para tuitear

Actualmente está ampliamente demostrado que la manera como nos hemos alimentado durante nuestra infancia influye sobre nuestra salud en la etapa adulta ya que nos previene de enfermedades futuras y de la obesidad. Adquirir desde muy jóvenes unos hábitos alimentarios y estilo de vida saludables son la apuesta segura para disfrutar en el futuro de un buen estado de salud ayudándonos a mantenerla y mejorarla, si es necesario.

La obesidad en la infancia puede llevar consigo una serie de problemas más comunes de edades adultas que de edades tempranas como las apneas obstructivas del sueño, niveles alterados de colesterol, hipertensión, resistencia a la insulina en edades prepuberales y riesgo de padecer diabetes mellitus tipo 2 en personas cada vez más jóvenes.

Además, se ponen de manifiesto diferencias significativas entre los hábitos de niños con sobrepeso y niños con normopeso. Es por ello que el abordaje debe centrarse en actuar sobre estos puntos:

  • Escasa o nula actividad física: estimular la práctica de actividad física. Además de ayudarles a disminuir el exceso de peso, lo mantiene a raya y ofrece mejoras en el estado de salud general, como la calidad ósea y la agilidad, ofrece mejoras en el bienestar personal y en las relaciones sociales y personales.
  • Elevado número de horas que pasan ante la televisión, el ordenador o realizando actividades sedentarias: reducir el tiempo dedicado a las actividades sedentarias hará aumentar el dedicado a las no sedentarias. Pasar más horas ante una pantalla contribuye a que el niño distraiga su atención afectando esto a la manera de alimentarse. Se ha demostrado que si se come en familia y sin la distracción de la televisión, se come menos y se está más atento a lo que se ingiere.
  • Bajo consumo de frutas y verduras así como el elevado consumo de productos procesados ??(sobre todo bollería industrial) ricos en grasas y azúcares: el paladar es un elemento educable. De la misma manera que uno se ha acostumbrado a un tipo de comida, puede desacostumbrarse. La infancia es pues el mejor momento para introducir o aumentar el consumo de frutas y verduras frescas. Asimismo hay que priorizar el consumo de agua y zumos naturales ante los refrescos o jugos de fruta azucarados.
  • Menos horas dedicadas a dormir: el sueño es reparador porque durante las horas que estamos durmiendo el cuerpo aprovecha para recuperar fuerzas y energía. Se repara y crece. Cuando un niño no duerme las horas que necesita para su edad, se muestra cansado, ansioso y no se concentra. Hay también que establecer una rutina yendo a dormir siempre a la misma hora y durante las horas que le toquen.
  • No desayuna o desayuna muy poco: el desayuno es la comida más importante del día. Todos lo sabemos. Sin embargo una parte muy importante de la población y concretamente, de los niños, no tiene por costumbre almorzar o lo hace de manera insuficiente y/o deficiente. Al contrario de lo que pensamos, pasar muchas horas sin comer obliga al cuerpo a volverse más ahorrador ya que detecta y entiende que se está en época de escasez. Cuando finalmente comemos, a media mañana o incluso a la hora de comer pasarán 2 cosas: el cuerpo estará tan hambriento que escogerá aquellos alimentos con más carga calórica (azúcares, grasas) y la mayor parte de lo que se coma se destinará a hacer reserva energética (reserva de grasa) para que, recordemos, el cuerpo está en modo ahorrador.

Como se ha comentado al principio, la implicación familiar es imprescindible ya que, dependiendo de cómo sean los hábitos dentro de casa influirán en el comportamiento alimentario del niño. La herencia no es sólo genética, es también una herencia comportamental.

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