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La pandemia de la obesidad

El pasado lunes 11 de marzo el Tribunal Supremo del estado de Nueva York anuló la ley que prohibía la venta de las llamadas «bebidas XXL», bebidas azucaradas servidas en vasos de grandes dimensiones, de más de 16 onzas (casi ½ litro), justo un día antes de su entrada en vigor. Con la aparición de esta noticia queda sobre la mesa el debate sobre el poder de las industrias alimentarias y grupos empresariales relacionados, la salud de la población, la libertad de elección y la responsabilidad individual.

La obesidad es ya una pandemia mundial que afecta a la totalidad de los países industrializados, con intervalos que van del 10% a más del 30%. Y en países en vías de desarrollo, con casos tan espectaculares como las islas de Samoa (> 50%), Tonga (60%) y Nauru (80%). Los últimos datos en España sitúan la obesidad alrededor del 15% y el sobrepeso en el 50%. Sin nombrar la obesidad infantil que cada vez aparece a edades más jóvenes y en la que nuestro país es ya líder.

La disposición continua de alimentos con una creciente proliferación de precocinados y procesados, ponen diariamente a prueba nuestra capacidad y libertad de decisión.

Pero, ¿qué tienen los alimentos procesados ??que nos parecen tan atractivos?

Inicialmente el gusto. Son productos con sabores concentrados donde los ingredientes principales son grandes potenciadores del sabor como azúcares, sal y grasas.

Con el primero nos ganan muchas batallas, ya que el sabor dulce es el que instintivamente nos atrae. Es el primer sabor que aprendemos a identificar, y lo identificamos como bueno (la leche materna es dulce, los carbohidratos son dulces y son nuestra fuente principal de energía). La sal excita las papilas gustativas (una bolsa de patatas fritas difícilmente nos la acabaríamos si no añadieran sal). Y la grasa da textura, mejora la palatabilidad, hace el alimento más jugoso.

El marketing. Los alimentos procesados ??se nos presentan también en envases atractivos, con colores llamativos, presentaciones cómodas y mensajes positivos.

El trabajo. Nos ahorramos tener que estar cocinando. La comodidad y rapidez de abrir un paquete y empezar a comer se adapta perfectamente al ritmo de vida y sociedad en la que vivimos: la inmediatez.

El bolsillo. Son «alimentos» que se presentan a un precio relativamente bajo. De hecho, en algún establecimiento de comida rápida ya nos ofrecen menús a 1 €. ¿Quién se puede resistir?

Y, por último, la suma de todo. Son productos baratos, rápidos de obtener y/o preparar, muy sabrosos y, además, con una alta concentración calórica que saciará fácilmente nuestras ganas de comer.

Tan atrayente panorama nos puede hacer «nublar la vista» y dejarnos llevar por la comodidad, pero no debemos olvidar las consecuencias que se derivan de todo ello.

Sobrepeso y obesidad. No sólo por el problema estético en sí, si no por las patologías asociadas. Una de las más comunes, la diabetes. Con el sobrepeso, el aumento de grasas circulantes en sangre (ácidos grasos libres) y el consumo excesivo de azúcares simples dificultan el buen funcionamiento del páncreas, responsable de la producción y segregación de insulina, pudiendo llevar a la aparición de diabetes mellitus tipo II.

Otro de los problemas derivados del consumo excesivo de azúcares simples es la aparición de niveles elevados de triglicéridos en sangre.

El exceso en el consumo de grasas saturadas e hidrogenadas (trans) contribuyen en la aparición de dislipemias, una afectación de los niveles sanguíneos de las grasas, con la aparición de una elevada concentración de LDL colesterol, con el consecuente riesgo cardiovascular.

Hipertensión arterial. La OMS establece el consumo de sal en no más de 6g al día. Cantidad que superamos con creces gracias a los productos procesados, que normalmente ofrecen elevados niveles de sal y otros derivados sódicos como potenciadores del sabor. Con el tiempo la hipertensión aparece y es uno de los principales responsables de eventos cardiovasculares.

Además, con la obesidad hay asociados otros problemas. Renales, con una disminución de la función de los riñones. Afectación hepática (hígado graso). Problemas articulares (las articulaciones, sobre todo rodillas y tobillos, deben soportar mucho peso, no sólo por el peso en sí, sino también por la disminución de la masa muscular que podría ayudarnos a compensar la carga). Problemas digestivos (la baja ingesta de frutas y verduras frescas, cereales integrales y legumbres y el elevado consumo de grasas y glúcidos refinados dañan nuestra flora intestinal y todo el sistema digestivo sufre, desde la boca – bacterias que provocan caries y sarro – hasta el ano – estreñimiento).

Volviendo al tema con el que hemos iniciado el post, os dejamos algún ejemplo del contenido calórico de refresco tamaño XXL.

Tipo de bebida
Contenido calórico por 500ml
Refresco de cola 55,5g de azúcares (222Kcal)
Refresco de Té 40,5g de azúcares (162Kcal)
Bebida energética 57g de azúcares (228Kcal)
Refresco de naranja con gas 64,5g de azúcares (258Kcal)

 

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