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Pescado y embarazo

El embarazo es una etapa de la vida única en la cual es más importante que nunca que la madre esté bien alimentada y reciba todos los nutrientes necesarios. Durante esta etapa aumentan los requerimientos de muchos nutrientes como el ácido fólico, el hierro, el calcio, el magnesio o el yodo, fundamental para el buen desarrollo cerebral del feto ya que los trastornos por déficit de yodo se pueden prevenir pero no curar.

Aparte de llegar a las dosis de vitaminas y minerales también será necesario aumentar los hidratos de carbono, mejor integrales, y repartirlos durante el día para evitar las hipoglucemias o bajadas de azúcar, así como hacer una ingesta adecuada de proteínas en cada comida importante, sobre todo las procedentes del pescado, y poner especial atención en las grasas.

Durante el embarazo es especialmente importante que la dieta sea equilibrada en grasas, puesto que las que tome la madre serán las que utilizará el feto para formar las membranas celulares y el sistema nervioso. Los productos lácteos, sus derivados y la carne aportan grasa del tipo saturado, de la cual no hay que abusar, y los pescados, sobre todo el pescado azul, la fruta seca y las semillas aportan grasas insaturadas, dentro de las cuales destacan por su importancia durante el embarazo los ácidos grasos esenciales omega-3.

Estas grasas no pueden ser fabricadas por nuestro organismo y por lo tanto sólo las podremos obtener a través de los alimentos que comemos. Si la dieta no las contiene y la futura madre no las ingiere, el sistema nervioso del feto no se podrá desarrollar correctamente. En concreto, es muy importante que los niveles de DHA, un tipo de omega-3 sean correctos, puesto que según los estudios son cruciales en el desarrollo del cerebro durante las primeras etapas del feto.

Uno de estos estudios se llevó a cabo con madres menorquinas que durante el embarazo consumieron de manera habitual pescado y marisco y a las cuales se les pidió que llenaran un cuestionario de consumo de alimentos. Posteriormente, cuando los niños tuvieron cuatro años, psicólogos entrenados midieron el grado de desarrollo neurológico según una escala de habilidades infantiles. Los resultados de este estudio sugieren que una ingesta moderada de pescado durante el embarazo se asocia con una mejora del desarrollo intelectual de la descendencia. Esta mejora es más elevada con el consumo de pescado que de marisco.

Sin embargo, debido a la contaminación creciente de las aguas de los ríos y de los mares, derivada de la contaminación medioambiental, últimamente ha saltado la alarma a causa de los elevados niveles de metilmercurio (forma orgánica del mercurio de elevada toxicidad) que pueden acumular algunas especies de pescados, sobre todo los azules, que son muy beneficiosos durante el embarazo no sólo por la grasa DHA que contienen sino también por otros nutrientes que aportan: proteínas de buena calidad y fácilmente digeribles, vitaminas A, D, E, B6 y B12 y yodo, esencial para el desarrollo intelectual.

La toxicidad del mercurio depende de su forma química, del tipo y la dosis de exposición y de la edad del consumidor. La forma orgánica o metilmercurio es muy tóxica, se disuelve fácilmente en la grasa y atraviesa la barrera hematoencefàlica del cerebro y la placenta y puede provocar retrasos motores y de comunicación.

Por este motivo la AESAN, o Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición ha actualizado las recomendaciones sobre consumo de pescado a la población más vulnerable, que son las mujeres en edad fértil, las embarazadas, las que amamantan y los niños menores de tres años. Los pescados que contienen una cantidad más grande de metilmercurio son el pez espada o emperador, el tiburón, el atún rojo (especie grande consumida en fresco o congelada) y el lucio.

Según las recomendaciones, las mujeres en edad fértil, embarazadas o que amamantan y los niños menores de 3 años deberían evitar el consumo de estos peces, y los niños de 3 a 12 años deberían limitarlo a 50 g por semana o a 100 g cada dos semanas y no comer ningún otro pescado de los más contaminados. Una mujer embarazada de 60 kilos que ingiriera una ración de 100 g de pez espada por semana superaría la ingesta máxima tolerable de metilmercurio. En definitiva, no hay que abandonar nunca el consumo de pescado durante el embarazo, puesto que sus efectos positivos sobre la madre y el feto superan los negativos, porque no sólo el DHA es bueno para el desarrollo cerebral del niño sino también para evitar la depresión posparto.

Por lo tanto, lo que hay que hacer es seguir una serie de medidas para reducir al mínimo las dosis de tóxicos:

  • Escoger los peces que tienen un nivel de mercurio más bajo, como por ejemplo anchoas, arenques, sardinas, merluza, salmón (con moderación porque puede tener otros contaminantes), maira, ostras, almejas y gambas. Se pueden consumir hasta 5 porciones moderadas por semana. También bacalao, caballa del Atlántico norte, perca, lenguado, trucha de agua dulce, atún de lata del tipo claro, pescado blanco en general, cangrejos, mejillones, vieiras y calamares. Se pueden consumir hasta dos raciones semanales.
  • Evitar los pescados que contienen niveles altos de mercurio: pez espada o emperador, tiburón, atún rojo y lucio. Y también se debería moderar el consumo de mero, lubina chilena y no abusar del rape.
  • Consumir menos porciones o porciones más pequeñas de pescado, de unos 100-120 g, y tener en cuenta que en los restaurantes pueden poner raciones muy grandes.
  • Escoger peces pequeños, puesto que el mercurio se acumula en la cadena alimenticia y la concentración más alta se encuentra en los pescados más grandes de tamaño, de más edad y depredadores.
  • Variar mucho el tipo de pescado. Es la mejor manera de asegurarse un consumo bajo de metilmercurio.
  • Consumir dos o tres raciones de pescado bajo en metilmercurio por semana.

Para asegurarnos las dosis necesarias de ácidos grasos omega-3 también podemos echar mano de los alimentos de origen vegetal ricos en este tipo de grasa, como las nueces, las semillas de lino, el aceite de nuez, el aceite de canola, la soja y el tofu. Una ración de 15 ml de aceite o de 30 g de nueces serían equiparables en ácidos grasos esenciales a una ración pequeña, de unos 100 g, de algunos pescados azules. Por lo tanto, se puede moderar el consumo de pescado azul, sin suprimirlo nunca, y complementar la alimentación con alimentos de origen vegetal.

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