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Tomates para todos los gustos

Esta hortaliza llegó a Europa de la mano de los conquistadores españoles, que la trajeron desde el Perú y México durante el siglo XVI; pero tardó cierto tiempo en ganarse la confianza de cocinas como la alemana o la norteamericana. La razón de este rechazo era su parecido con los frutos rojos de la belladona, una planta tóxica de la misma familia botánica y que hizo pensar que el tomate también era venenoso.

Si bien estamos acostumbrados a los tomates rojos o rosados, también hay variedades amarillas, verdes e incluso casi negras. Si nos paseamos este verano por cualquier mercado podremos encontrar muchas variedades de tomate, entre ellas el denominado tomate de Montserrat, dulce y refrescante, de pulpa crujiente y casi vacío por dentro, lo que lo hace apto tanto para ensaladas como para rellenar.

Otra variedad parecida y también procedente de la misma zona es el tomate de corazón de buey, de piel fina, muy carnoso, con pocas semillas y de sabor dulce y jugoso, características que lo hacen apto para saborearlo simplemente con algo de sal y aceite de buena calidad. También podemos probar una variedad curiosa denominada tomate de pimiento por su forma alargada y acabada en punta, que proviene de la zona del Lluçanès. Es muy carnoso y se puede pelar y comer como si se tratara de una manzana.

Y dentro de las variedades más recientes y valoradas tenemos el tomate Raf, de aspecto rugoso, parecido a los tomates de Montserrat o de corazón de buey pero a diferencia de ellos no es rosado sino tirante a rojizo. Otro tomate que se está ganando un lugar entre los paladares más exigentes es el tomate Kumato, de gusto intenso y exquisito, y de origen lejano, puesto que procede de las islas Galápagos, situadas frente a Ecuador.

Además de estas variedades más curiosas y propias del verano, tenemos también el tomate redondo, quizás el más extendido y consumido; el tomate de rama, que podemos encontrar todo el año, y el tomate cherry, con sus variedades redonda y pera, mucho más gustosa y carnosa.

A lo largo de todo el verano, y sobre todo hacia el final, van apareciendo también los tomates de colgar de diferentes formas y que tienen la propiedad de conservarse durante todo el invierno. Son ideales por untar pan fuera de la temporada del tomate.

Con respecto a la composición nutricional, el tomate es muy rico en agua: un 94% de su peso. Contiene un 3,5% de hidratos de carbono y no llega a un 1% ni de proteínas ni de grasas. Es uno de los alimentos más bajos en calorías, con sólo 21 por 100 gramos. El valor del tomate reside en su riqueza vitamínica y mineral así como en sustancias no nutritivas. Contiene mucha vitamina C, puesto que un solo tomate puede cubrir más de la mitad de nuestras necesitados diarias de esta vitamina. También contiene vitaminas del grupo B y vitamina A, mientras que entre los minerales destaca el contenido en potasio, hierro, magnesio y fósforo.

El tomate destaca por sus componentes no nutritivos, que cumplen funciones muy importantes dentro del organismo. Así, tiene fibra vegetal que contribuye a disminuir el colesterol y a facilitar el tránsito intestinal y también presenta ácidos orgánicos que alcalinizan la sangre, pese a que el tomate tenga un sabor tirando a ácido.

Pero lo que hace realmente especial al tomate es su contenido en licopeno, un pigmento que le da el color rojo y que según investigaciones recientes está presente en nuestro organismo en la sangre, los testículos, la próstata y las glándulas suprarrenales, y que ejerce una poderosa acción antioxidante, puesto que impide la formación de radicales libres, responsables del deterioro del ADN, origen de numerosas enfermedades.

Así pues, como resultado de su composición, el consumo de tomate está indicado en las afecciones prostáticas, puesto que es un factor preventivo del cáncer de próstata en los hombres según demuestran varios estudios. También es diurético y un gran depurativo y alcalinizador de la sangre, es decir, que neutraliza y facilita la eliminación de residuos metabólicos ácidos, que perjudican nuestro organismo. Es útil también, por su contenido en vitaminas y minerales, como estimulante natural de las funciones inmunitarias. Y por su acción antioxidante previene la arterioesclerosis, puesto que evita que el colesterol depositado en las arterias se oxide. Finalmente, es un protector ante cualquier tipo de cáncer del aparato digestivo.

Después de todo lo que sabemos del tomate, y siempre que no haya alergias o intolerancias personales, haríamos bien consumiéndolo en abundancia, ahora que está en el mejor momento, y poniéndolo en ensaladas, guisos, pizzas, o bebiéndolo en crudo en forma de zumo o de gazpacho, puesto que es una fuente excelente de licopeno, antioxidante escaso que se libera mejor una vez cocinado.

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